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Pastoral de conjunto
La religiosidad popular en la encuesta Gallup

Con esta nota, el autor cierra su análisis de la encuesta Gallup centrándose en la cuestión de la religiosidad popular en Argentina y aportando valiosos elementos para su comprensión y proyección pastoral.

La religiosidad popular de Argentina, al igual que la de toda Latinoamérica, difiere de la de otros continentes.

Un atento observador, el jesuita francés Jean-Yves Calvez lo analiza:

"En Argentina, marcada por muchos sufrimientos, encuentro a un pueblo en verdad sencillo y directo, incluso en sus elites. Creyente, ciertamente más que el francés. Esto ni es una superioridad ni una inferioridad, sólo una diferencia, una gracia a pesar de todo también, creo observarlo en mis interlocutores argentinos. Veo a los argentinos como más religiosos que a muchos europeos. Un detalle, el número de gente que, en el autobús, hace el signo de la cruz al pasar delante de las iglesias y capillas. Inaudito en mi país. (...) Sé que la práctica religiosa dominical no es muy alta (a pesar de todo, mayor que en Francia por ejemplo). No obstante, es más notable que haya tantas muchedumbres, millones de personas que peregrinan, a San Cayetano, a Luján y en otros santuarios semejantes. Tales concentraciones efectivamente no se ven en Europa sino en torno al Papa en una ocasión como las Jornadas mundiales de la Juventud".

La encuesta de Gallup Argentina realizada en abril de 2001 a pedido de la Universidad Católica Argentina, como aporte a la actualización de las Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización (LPNE) dedicó uno de sus capítulos a investigar las "Opiniones sobre creencias y distintos aspectos del culto católico".

El estudio permite introducirse en el complejo universo del catolicismo popular, la práctica del bautismo de los niños, las preferencias por determinadas advocaciones marianas, santos y santas, la visita a los santuarios y otros lugares religiosos, además del interés por el conocimiento de Jesucristo, comentado en Vida pastoral, (nº 233, enero-febrero 2002).

La fiesta del bautismo

Yo admiro a la religión que puede hacerle decir a un humilde descamisado frente a un emperador: "¡Yo soy lo mismo que usted, hijo de Dios!" (Eva Perón, Mi mensaje).

La rica doctrina teológica sobre el sacramento del bautismo, que engendra a los hijos e hijas de Dios, se refuerza por la corriente evangelizadora que desde los inicios difundió en América la práctica del bautismo hasta convertirlo en uno de los ingrediente típicos de la vivencia de las mayorías populares.

Si se considera que el 84% de la población mayor de 14 años se autodefine "católica", es posible suponer que al menos ese es el número de bautizados en Argentina. Existe
alguna variación importante si se atiende a la ciudad de Buenos Aires y al interior del país. En la Capital Federal se detecta un 15% de menores de 10 años no bautizados.

También entre nosotros vale la observación de los Obispos latinoamericanos en la Conferencia de Puebla en 1979: "Se ha señalado la incoherencia entre la cultura de nuestros pueblos, cuyos valores están impregnados de fe cristiana, y la condición de pobreza en que a menudo permanecen retenidos injustamente. Sin duda las situaciones de injusticia y de pobreza aguda son un índice acusador de que la fe no ha tenido la fuerza necesaria para penetrar los criterios y las decisiones de los sectores responsables de liderazgo ideológico y de la organización de la convivencia social y económica de nuestros pueblos. En pueblos de arraigada fe cristiana se han impuesto estructuras generadoras de injusticia" (Documento de Puebla, 437.8).

Pero la necesaria catequesis post-sacramental puede tener su inicio en la misma celebración del bautismo, ya que el 65% de la población afirmó haber participado en los últimos 5 años en alguna de ellas.

Interesante también el dato que el 77% de los asistentes son jóvenes adultos entre 25 y 34 años. El 85% recuerda la última celebración en la que estuvo como festiva o muy festiva y un porcentaje similar manifestó que fueron recibidos muy cordialmente.

Estos datos son suficientes para proponer como uno de los lugares privilegiados del anuncio evangélico –signos, palabra, canto, música y fiesta– este encuentro litúrgico-popular en el que la mayoría de las personas se encuentran sensibilizadas y receptivas al mensaje humano-religioso que parte de la vida iniciada en ese niño o niña que es hijo, nieto, sobrino, ahijado o ahijada.

Con algo de humor suelo decir que en la pastoral sacramental, le dedicamos el 90% del esfuerzo del equipo parroquial de liturgia a preparar la eucaristía dominical; a la que asiste menos del 10% y en cambio no dedicamos ni el 10% a la preparación de la celebración del bautismo, donde participa casi el 90%.

La peregrinación a los santuarios

"Por la tarde me he acercado a la histórica Catedral, el santuario donde mañana miles de creyentes celebrarán la Fiesta del Milagro. Muchos de ellos hace días que vienen peregrinando para ofrecer sus candorosas promesas tan simples como una flor de campo, y sus pedidos tan apremiantes como la comida, la salud o el trabajo... Milagro son ellos, milagro es que los hombres no renuncien a sus valores cuando el sueldo no les alcanza para dar de comer a su familia, milagro es que el amor permanezca y que todavía corran los ríos cuando hemos talado los árboles de la tierra" (Ernesto Sábato, La resistencia).

Junto con la celebración del bautismo, los santuarios son otro de los lugares más propicios para el servicio evangelizador del pueblo.

Según Gallup, en el año 2000 el 35% de los católicos ha concurrido a algún santuario. Si se supone que no todos tienen la frecuencia de peregrinación anual, es posible que el porcentaje ascienda al 50%. Un nuevo dato es que un 21% se encuentra entre los que nunca o casi nunca asisten a la iglesia, lo que requiere una pastoral de la recepción muy atenta y cordial.

Los santuarios más visitados son Itatí, San Cayetano y Luján (12%), San Nicolás (11%), Lourdes (6%), Virgen Desatanudos (4%) y Santa Rita (4%). En estos datos conviene tener en cuenta la densidad de la población según la región analizada, porque los porcentajes a nivel nacional variarán notablemente al considerar una provincia concreta.

Más allá de los datos, los santuarios convocan no sólo un número de personas que se suman, sino que además, llegan hasta ellos las peregrinaciones más o menos numerosas, que implican nuevos vínculos con lo sagrado, adquiriendo una dimensión "sacramental".

"El santuario no es sólo una obra humana, sino también un signo visible de la presencia del Dios invisible. Por eso se exige una oportuna convergencia de esfuerzos y una adecuada conciencia de las funciones y de las responsabilidades de los protagonistas de la pastoral de los santuarios, precisamente para favorecen el pleno reconocimiento y la acogida fecunda del don que el Señor hace a su pueblo a través de cada santuario. (Consejo Pontifico para la Pastoral de los emigrantes e itinerantes, El Santuario, presencia y profecía del Dios vivo, 1999).

Advocaciones marianas, santos y santas populares

Como ya lo he afirmado, el ser humano no podría sobrevivir sin héroes, santos y mártires, porque el amor, como el verdadero acto creador, es siempre la victoria sobre el mal (Ernesto Sábato, La resistencia).

El 75% de los católicos manifiesta devoción por la Virgen María, de los cuales un 57% pertenece al grupo que no asiste a la iglesia nunca o casi nunca, lo que la convierte en un importante eslabón evangelizador.

Entre las preferencias a nivel nacional la advocación que suscita mayores adhesiones es Luján (24%), Destanudos (13%) San Nicolás (10%) Itatí (10%) y Lourdes (7%). Nuevamente aquí vale la apreciación ya señalada sobre la influencia regional. La Gallup lo refleja parcialmente cuando señala: Luján: 44% en Capital Federal; 38% en el Gran Buenos Aires y 17% en el Interior. En cambio, Desatanudos: 22% en Capital Federal y 12% en Gran Buenos Aires e Interior. Finalmente Itatí: 11% en el Interior; 3% en el Gran Buenos Aires y el 1% en Capital Federal).

Más difícil es apreciar la perdurabilidad de las advocaciones más recientes en su difusión –como por ejemplo Desatanudos y San Nicolás– en relación con aquellas que ya pertenecen al acervo cultural de siglos –como Itatí, Luján y del Valle, para señalar las más antiguas.

De todos modos la característica mariana del catolicismo popular mantiene su vigencia y presenta un interesante desafío a la creación pastoral.

María busca maternalmente a todos, se acerca a todos, abraza a todos. Pero, como vemos claramente en el cántico del Magnificat, ella tiene una singular afinidad con los pobres. Sobresale entre los humildes y los pobres del Señor (Cea, Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización, 29).

La preferencia por algún santo o santa es señalada por el 46%, de los católicos de los cuales un 35% pertenece al grupo que no asiste a la iglesia nunca o casi nunca.

El más mencionado es san Cayetano (38%), seguido por santa Rita (9%), san Antonio (5%), san Jorge (4%), san Roque (4%), san José (3%), san Pantaleón (2%), san Nicolás (2%) y san Francisco de Asís (2%). Un 13% no pudo señalar cuál es su santo preferido.

Desde el punto de vista pastoral y más allá de las lógicas preferencias regionales –por ejemplo: san Nicolás en La Rioja– es llamativo el auge de san Cayetano en todos los estratos sociales. La Argentina es el país que reúne al mayor número de devotos y se coloca además entre el primero de los venerados en el país. Se trata de un caso de "apropiación popular", que lo convierte en el santo del "pan y el trabajo", y en receptor de las necesidades sociales y económicas. Junto a él se puede decir: "Pan sin trabajo es limosna, trabajo sin pan es injusticia".

Un desafío pastoral es mostrar a los santos y santas como modelos de vida para nuestro nuevo siglo.

"Es el momento de proponer de nuevo a todos, con convicción este ‘alto grado’ de la vida cristiana ordinaria. La vida entera de la comunidad eclesial y de las familias cristianas debe ir en esa dirección. Pero también es evidente que los caminos de la santidad son personales y exigen una pedagogía de la santidad verdadera y propia, que sea capaz de adaptarse a los ritmos de cada persona. Esta pedagogía debe enriquecer la propuesta dirigida a todos con las formas tradicionales de ayuda personal y de grupo, y con las formas más recientes ofrecidas en las asociaciones y en los movimientos reconocidos por la Iglesia" (Juan Pablo II, Nuevo Milenio).

Es también el momento de encontrar cauces que profundicen el modo popular y masivo en la que tantos hombres y mujeres encuentren en la vida ordinaria del trabajo y la desocupación, la familia y el abandono, una santidad que sea encuentro personal con Jesucristo y la Buena Noticia del reinado de Dios, "en la tierra, como en el cielo".

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