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"LA CELESTINA" DE FERNANDO DE ROJAS EN UNA EXCELENTE VERSION DE SUAREZ MARZAL Y SU EQUIPO
Una tragedia amorosa con linaje
 
Ficha técnica:
"La Celestina" de Fernando de Rojas. Dirección y versión: Daniel Suárez Marzal. Escenografía: Horacio Pigozzi. Vestuario: Renata Schussheim. Iluminación: Nicolás Trovato. Video digital: Christian Parson y Paula Spagnoletti. Actores: Sergio Surraco, Julieta Díaz y Elena Tasisto. Cantantes: Pehuén Díaz Bruno y Nicolás Bernazzani. Preparador musical y laúd: Miguel de Olaso.
Sergio Surraco y Julieta Díaz -Calisto y Melibea-, pura pasión.

Si "La Celestina" que Fernando de Rojas dio a conocer en 1499 es entendida como una gran "novela amtigua", la lectura que de ella hace el director Daniel Suárez Marzal adaptándola a hoy, es de una ejemplar elaboración.
Marzal no pierde la osadía del original, el humor y la picardía del teatro trovadoresco. Le imprime a la pareja protagónica y a la vieja alcahueta Celestina un tono de fábula que no resiente el original y a la vez remite a nuestros días.
Esta versión de "La Celestina" es una pieza ideal para que la vean alumnos del secundario y por supuesto también el público amante de los clásicos y del teatro en verso, porque no cansa -su duración es de noventa minutos- y además entretiene. A la vez que permite disfrutar de un lenguaje escénico actual, en el que coinciden el video digital, el teatro físico y la valorización de la palabra, muy bien expresada por el trio de actores.

SESGO RENACENTISTA
Para que no perdiera su vertiente renacentista Suárez Marzal le añadió a la pieza, un dúo de contratenores que sorprende y ayuda al desarrollo de la trama o distiende el ritmo de esta fábula del amor pérdido. Mientras que el sonido del laúd le otorga el suave sonido de un estado poético con el que todos algunas vez hemos soñado.
En esta versión de la pieza de Rojas, Suárez Marzal centró la acción, únicamente, en sus tres principales protagonistas: Celestina, Calisto y Melibea, la pareja de enamorados.
Mientras Calisto es un joven de buen pasar económico y muere de amor por Melibea, una chica recluída en la casa paterna, la vieja Celestina va por los caminos haciendo sus "curaciones" a los desdichados de amor, a la vez que lleva y trae cuentos y leyendas, como si fuera un oráculo, que aconseja y esclarece a las almas confundidas, o intenta dar su escarmiento a aquellos dispuestos a hacer el mal.
Cómo es de prever con personajes de estas características, la "vieja" jugará de hilo de unión entre los amantes, claro que al final la tragedia, como en "Romeo y Julieta" asomará no sólo a la puerta de los enamorados, también a ella le tocará su merecido, quizá por su ambición, o porque el tiempo, que todo lo esclarece, hizo que cumpliera su ciclo. Y lo cierto es que el tiempo biológico, social y moral, es otro de los factores presentes en esta exquisita e inteligente puesta en escena.
El montaje de Daniel Suárez Marzal, es un ejemplo, de cómo despertar interés con una obra si se quiere menor, no emblemática, pero sí interesante, en su contenido romántico.
Esta "Celestina" tiene recursos muy bien logrados y pensados del noble uso que se puede hacer en el ensamble entre el video digital y la escenografía, con una magnífica resolución de recursos por parte de Horacio Pigozzi y los videastas Christian Parsons y Paula Spagnoletti.

PASADO Y PRESENTE
Pasado y presente de la pieza se funden en el montaje para "iluminar" con claro humor y un desprejuicio casi "amoral", esos textos cuyas frases, versos y palabras, se convierten en una parábola existencial y social, sobre el comportamiento humano frente al amor.
Con un estilo que remite tanto al teatro de feria, de trovadores y juglares, Suárez Marzal consigue una exquisita síntesis de situaciones, en las que cada personaje tiene su espacio de lucimiento actoral.
Elena Tasisto es una actriz a la que siempre es un deleite ver actuar. Su manera de decir, en este caso su informalidad en el despliegue del movimiento escénico, sus énfasis en el decir los textos de Rojas, la convierten en un personaje tan arquetípico como mágico. Ella es la que "cocina" la tragedia de esos enamorados y la de ella misma. Lo que esta versión deja de moraleja es que cada uno de los personajes vivió y murió en su ley, habiendo conocido las virtudes del amor y también la desdicha de su pérdida irreparable.
La heroína atada a los preceptos familiares, que se convierte en un desborde de pasión por su amado, fue resuelta por Julieta Díaz con meritorios recursos corporales, vocales y de una máscara facial, que asombra por su belleza.
Sergio Surraco transmite con valiosa técnica interpretativa, la imagen de ese "Don Juan" joven frágil e intensamente enamorado. Su Calisto se convierte en un desborde de deseo y pasión carnal, de espíritu aventurero, a la vez que con su voz traduce el dolor y el placer del deseo.
El vestuario de Renata Schussheim y la iluminación de Nicolás Trovato son otros de los aciertos creativos de esta versión de "La Celestina".
Juan Carlos Fontana

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